- : - E y e s - : -
La luz se iba haciendo tenue. El eco de tu voz se perdía en la inconciencia, y me sumé, uno más, en un mundo que no es de nadie.
El estrépito me despertó. Ruido en golpe seco y un cristal en mil pedazos. Mis ojos se acostumbran poco a poco a la luz. Se lastiman mis pupilas. Donde debería estar tu cuadro no hay nada. En el suelo brillan restos del cristal y tu rostro, ya no es tuyo. Lo deforman los fragmentos y líneas que brillan a la luz y parece que danzaran bajo mi mirada mareada. Durante los instantes posteriores al sueño, la conciencia llega poco a poco para adueñarse de mí, y entre ellos, durante un segundo que se siente eterno, me aterran tus ojos. El frío del miedo me despierta y miro hacia otro lado. Estoy en mi cama, tu cuadro se ha caído y no hay nada más. Soy, yo, sólo yo. Me restriego los ojos y vuelvo a mirarte. Ya no siento miedo. Tus ojos se encuentran entre la telaraña de líneas de un cristal roto y no es más que eso. Un rostro congelado, una expresión deformada. Tu sonrisa, esa sonrisa que bien supieron captar, que se dibujaba en tus ojos, y hacía brillar tus mejillas entre dientes blancos perlados, ya no está. Se perdió. Está esparcida por el suelo, junto a diminutos cristales. La curiosidad me puede. Me concentro en tus labios. Apenas se ven. Y no, no es eso, no está ahí. ¿Dónde, dónde? Ahí está, ya la vi. Entre tus cejas cruza una línea plateada, que planea sobre el profundo verde de tus ojos y hace parecer que ya no estuvieras sonriendo. Es como si... da la impresión de que estuvieras triste. Ahora es una tristeza grande... No, ya no es tristeza, es pena. Pero pena... ¿pena de qué? No, no es pena... es... – No, no me mires así... – ¿Es lástima?.. ese dolor que crece cuando el otro deja de ser eso y se convierte en otro más, en sólo otro más. Es... ¿lástima?, pero no por mí... o sí? – No, por favor, no me mires así. – Tu mirada es ahora una mueca de pena, profunda, infinita... Casi tan profundo como el verde de tus ojos. Es pena. Dolor. Pero, ¿cómo es que está eso ahí? Es que... – No! No me mires así! – Eso no estaba ahí... – Que no me mires así!–
Salto de la cama. Los cristales se clavan en mi piel. Arrodillado frente a tus ojos, sostengo el cuadro entre mis manos y lo sacudo. Pero no se va. Se queda ahí. Yo sé que es imposible, que nunca estuvo allí, que no tiene que estar ahí. Pero no se va... creo que grito. No sé. No me escucho. No puede ser. – ¡Que no me mires así! te lo suplico... – Yo sé que era una sonrisa, yo lo sé. Nunca, nunca hubo una lágrima en tu rostro. Pero ahora está ahí. Y ya no es una. Ahora, son dos. Una por cada mejilla. Y no... ¡No puede ser! ¡Por Dios! ...que ¡¡NO!!
El cuadro es un pedazo de basura estrellado en un rincón. Me siento y trato de respirar. Seco mis lágrimas que se mezclan con la sangre de mis manos.
Tiemblo.
– Yo...
Miro el suelo.
Mis manos.
Cristales rotos, desperdigados por el suelo.
Siempre supe que la belleza era dolor, pero no cuanto podía doler.
Porque tus ojos duelen.
Porque tus lágrimas...
.............................¿por qué tus lágrimas?
Lo sé...
Lo sé...
Hoy... .........Hoy te defraudé... ............................otra vez.
El estrépito me despertó. Ruido en golpe seco y un cristal en mil pedazos. Mis ojos se acostumbran poco a poco a la luz. Se lastiman mis pupilas. Donde debería estar tu cuadro no hay nada. En el suelo brillan restos del cristal y tu rostro, ya no es tuyo. Lo deforman los fragmentos y líneas que brillan a la luz y parece que danzaran bajo mi mirada mareada. Durante los instantes posteriores al sueño, la conciencia llega poco a poco para adueñarse de mí, y entre ellos, durante un segundo que se siente eterno, me aterran tus ojos. El frío del miedo me despierta y miro hacia otro lado. Estoy en mi cama, tu cuadro se ha caído y no hay nada más. Soy, yo, sólo yo. Me restriego los ojos y vuelvo a mirarte. Ya no siento miedo. Tus ojos se encuentran entre la telaraña de líneas de un cristal roto y no es más que eso. Un rostro congelado, una expresión deformada. Tu sonrisa, esa sonrisa que bien supieron captar, que se dibujaba en tus ojos, y hacía brillar tus mejillas entre dientes blancos perlados, ya no está. Se perdió. Está esparcida por el suelo, junto a diminutos cristales. La curiosidad me puede. Me concentro en tus labios. Apenas se ven. Y no, no es eso, no está ahí. ¿Dónde, dónde? Ahí está, ya la vi. Entre tus cejas cruza una línea plateada, que planea sobre el profundo verde de tus ojos y hace parecer que ya no estuvieras sonriendo. Es como si... da la impresión de que estuvieras triste. Ahora es una tristeza grande... No, ya no es tristeza, es pena. Pero pena... ¿pena de qué? No, no es pena... es... – No, no me mires así... – ¿Es lástima?.. ese dolor que crece cuando el otro deja de ser eso y se convierte en otro más, en sólo otro más. Es... ¿lástima?, pero no por mí... o sí? – No, por favor, no me mires así. – Tu mirada es ahora una mueca de pena, profunda, infinita... Casi tan profundo como el verde de tus ojos. Es pena. Dolor. Pero, ¿cómo es que está eso ahí? Es que... – No! No me mires así! – Eso no estaba ahí... – Que no me mires así!–
Salto de la cama. Los cristales se clavan en mi piel. Arrodillado frente a tus ojos, sostengo el cuadro entre mis manos y lo sacudo. Pero no se va. Se queda ahí. Yo sé que es imposible, que nunca estuvo allí, que no tiene que estar ahí. Pero no se va... creo que grito. No sé. No me escucho. No puede ser. – ¡Que no me mires así! te lo suplico... – Yo sé que era una sonrisa, yo lo sé. Nunca, nunca hubo una lágrima en tu rostro. Pero ahora está ahí. Y ya no es una. Ahora, son dos. Una por cada mejilla. Y no... ¡No puede ser! ¡Por Dios! ...que ¡¡NO!!
El cuadro es un pedazo de basura estrellado en un rincón. Me siento y trato de respirar. Seco mis lágrimas que se mezclan con la sangre de mis manos.
Tiemblo.
– Yo...
Miro el suelo.
Mis manos.
Cristales rotos, desperdigados por el suelo.
Siempre supe que la belleza era dolor, pero no cuanto podía doler.
Porque tus ojos duelen.
Porque tus lágrimas...
.............................¿por qué tus lágrimas?
Lo sé...
Lo sé...
Hoy... .........Hoy te defraudé... ............................otra vez.

